Hacia un mundo… ¿feliz? VI

HappinessEn medio de la larga búsqueda filosófica de la felicidad la ciencia nos ofrece una respuesta que sorprende por lo sencillo que parece de ser conquistada desde ese punto de vista, pues no es cuestión de poseer grandes cantidades de dinero, de residir en un país determinado, del grado de educación que se tenga, la raza a la cual se pertenezca y ni siquiera de gozar de una salud optima, sino que se trata de algo que apela más a nuestro sentido de pertenencia, a la potencialización de nuestra parte hedonista y a un enfoque más optimista de ver la vida.

En estudios realizados a personas que han ganado la lotería se ha demostrado que apenas traspasada la barrera de los tres meses la sensación de alegría desaparece para devolver su espacio al estado de satisfacción inmediatamente anterior, en tal sentido el dinero sólo compra la felicidad cuando se es pobre, puesto que soluciona muchos problemas que impiden un desarrollo pleno del individuo, mas apenas superado el grado de ingresos mínimos la riqueza deja de ser importante; en lo que a la salud respecta se han medido altos grados de satisfacción en personas con complicados cuadros de salud, tales como cáncer o problemas cardiacos.

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Hacia un mundo… ¿feliz? IV

En la película de David Fincher El club de la pelea, de 1999, el personaje interpretado por Brad Pitt dice:

El club de la pelea
“Veo mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas, o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados”.

Cuando hablamos de felicidad es necesario pues explorar el origen de las condiciones que nos hacen sentirnos cabreados o desdichados, para decirlo en términos más cercanos a los nuestros.

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