Notas al margen

S tipouelen decir los escritores que es difícil determinar el momento en el que un texto a finalizado. Así poner el punto final a cada uno se convierte en una de las tareas más demandantes de dicho gremio.

Y aunque pueda parecer exagerado, éstas son aseveraciones que no carecen de sustento. En el caso de los cuentos o las novelas son los personajes quienes generan tales predicamentos, puesto que llegan a cobrar tal vida en la mente del creador que muchas veces lo que empieza como un relato breve crece hasta convertirse en una saga; y en lo que respecta a los filósofos y ensayistas su tarea no es menos ardua, pues el hablar de un concepto determinado necesariamente implica desarrollarlo mediante el trastocamiento de otros conceptos, polemizar, cuestionar ideas preestablecidas, redefiniciones y, con el tiempo, el replanteamiento de la propia idea, labor que puede ampliarse indeterminadamente.

Sin embargo existe otro aspecto mucho más paranormal que convierte a la escritura en una disciplina que requiere de la revisión y corrección continuas. Un aspecto al cual nuestras mentes modernas, científicas y seculares, no le brindan la misma importancia que los antiguos monjes copistas, escribas o amanuenses del medievo le daban: la nefasta influencia que el demonio Titivillus ejerce sobre los que escriben.

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