El ascenso del Circulo de Lovecraft

La mañana del 15 de marzo de 1937, hace 80 años, fallecía en una aséptica habitación del hospital Jane Brown Memorial (en Providence, Rhode Island, misma tierra que lo vio nacer y de la cual contadas ocaciones quiso alejarse) Howard Phillips Lovecraft, un hombre que siempre se supo un extranjero; un extraño en este siglo y entre todos los que aún son hombres; inventor del horror cósmico y creador de descomunales deidades primigenias, horrendas, indiferentes, eternas y tentaculares, a la temprana edad de 46 años, justo cuando su suerte como escritor profesional parecía comenzar a cobrar un verdadero impulso gracias al apoyo y buenos oficios de algunos de sus amigos más allegados e integrantes del denominado Circulo de Lovecraft.

A Lovecraft, quien firmara su correspondencia bajo el seudónimo del Sumo Sacerdote, le tocó lidiar con la incomprensión de la crítica y de los lectores del género como a muchos artistas poco valorados en sus correspondientes épocas. Robert Albert Bloch, importante miembro del citado grupo, escritor de Psicosis, escribiría a este respecto 53 años después de la muerte de su estimado amigo en Carta abierta a H. P. Lovecraft:

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La piel rebelde del lector

Aceptémoslo vivimos en un mundo repleto de normas y reglas preexistentes a nuestra aparición en él; el entorno cultural, religioso, filosófico, político y económico en el cual nacemos, aunado al punto del globo en el que hacemos nuestro repentino acto de aparición, inciden en la fundamentación social y particular de conceptos que a primera vista pueden parecer tan sencillos como: lo bueno, lo malo, la belleza, lo normal…

Sobre la construcción de tales conceptos es que también se erigen los ideales, los prejuicios, las aspiraciones, los estereotipos, nuestros deberes y nuestras necesidades.

Resulta pues bastante curioso cómo el individuo (de acuerdo a una visión aún imperante) todavía no nace cuando ya se espera de él que al crecer estudie algo productivo, que trabaje en algo redituable, que se case con una mujer si es un hombre o viceversa, que tenga hijos y que a su vez les oriente por el camino correcto.

En El miedo a la libertad, Erich Fromm señala lo siguiente:

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Por siempre Poe

Edgar Allan Poe by Magnetic eyeMi vida ha sido capricho, impulso, pasión, anhelo de la soledad, mofa de las cosas de este mundo; un honesto deseo de futuro. Edgar Allan Poe.

Algún día erigiré un templo en honor a Edgar Allan Poe. Ese templo será gótico, con pálidos bustos de Palas apostados sobre los dinteles de cada una de sus puertas, compuesto por siete naves revestidas de colores distintos: azul, púrpura, verde, amarillo, blanco, violeta y negro; y, como en las habitaciones del castillo del príncipe Próspero, adornadas con grandes vitrales pintados acorde a la decoración de cada una de ellas, a excepción de la séptima puesto que estos serán escarlata.

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El camino a la perfección

Oscar Wilde irish writer by Tonio
Oscar Wilde irish writer by Tonio

Los seres humanos no dejan de jugar porque envejecen;
envejecen porque dejan de jugar. Oliver Wendell Holmes

Si hay algo que caracteriza a nuestros tiempos eso es la competencia, la especialización, el ser realistas. Nunca como ahora ha sido tan sobrevalorado el concepto de la madurez.

Hoy en día madurar significa dejar de lado los intereses y habilidades naturales adquiridos durante la infancia en pos del estudio de carreras con futuro, pues como suelen decir: hay que ser realistas, ver por lo que nos deje más dinero y especializarnos en carreras con supuestos campos laborales amplios. Ante tal panorama me es inevitable preguntarme ¿Qué sería de genios como Leonardo Da Vinci si les hubiera tocado vivir en estos tiempos y hubieran tenido que optar por ser realistas, especializándose en estudios verdaderamente serios?

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