Hacia un mundo… ¿feliz? VI

HappinessEn medio de la larga búsqueda filosófica de la felicidad la ciencia nos ofrece una respuesta que sorprende por lo sencillo que parece de ser conquistada desde ese punto de vista, pues no es cuestión de poseer grandes cantidades de dinero, de residir en un país determinado, del grado de educación que se tenga, la raza a la cual se pertenezca y ni siquiera de gozar de una salud optima, sino que se trata de algo que apela más a nuestro sentido de pertenencia, a la potencialización de nuestra parte hedonista y a un enfoque más optimista de ver la vida.

En estudios realizados a personas que han ganado la lotería se ha demostrado que apenas traspasada la barrera de los tres meses la sensación de alegría desaparece para devolver su espacio al estado de satisfacción inmediatamente anterior, en tal sentido el dinero sólo compra la felicidad cuando se es pobre, puesto que soluciona muchos problemas que impiden un desarrollo pleno del individuo, mas apenas superado el grado de ingresos mínimos la riqueza deja de ser importante; en lo que a la salud respecta se han medido altos grados de satisfacción en personas con complicados cuadros de salud, tales como cáncer o problemas cardiacos.

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Hacia un mundo… ¿feliz? V

Pasarse la vida bajo el señorío de los otros y nunca decir una
palabra propia es como haber vivido muerto. José Pablo Feinmann.

El ser y  el tiempoLa concepción heideggeriana del hombre en el libro Ser y tiempo (de 1927) es la de Dasein, término alemán que en español significa: Sein= ser y Da= ahí}= Ser ahí. Así pues el Dasein es un ser eyectado, arrojado al mundo y a sus posibilidades, un ser-en-el-mundo que se pregunta por su existencia, que sabe que va a morir y se angustia por ello. Es sobre la base de su reacción ante tal preocupación que ese Dasein es dividido en dos categorías: el ser inauténtico y el ser auténtico.

Para el filósofo alemán Martin Heidegger (1889-1976), polémico por su afiliación al partido Nacional Socialista durante la Segunda Guerra Mundial, el hombre más allá de ser una realidad concreta es una posibilidad, puesto que no está sometido a los condicionamientos propios de las cosas que le rodean. En tanto que una piedra esta destinada a siempre ser una piedra y un árbol un árbol, en el hombre sus posibilidades de ser y hacer lo que se proponga son infinitas. Piénselo, usted puede ir al cine inmediatamente después de leer esto, prender el televisor, escuchar música, asistir a un concierto, regresar a su trabajo, viajar, nadar, etc…, sin embargo hay una posibilidad que habita en todas ellas: la posibilidad de morir, lo cual puede ocurrir en cualquier momento. Razón por la cual el hombre, el Dasein, ese ser-en-el-mundo es ante todo un ser para la muerte. Luego entonces el fundamento del ser inauténtico reside en la negación que éste hace de la muerte, a pesar de estar consciente de su inminencia.

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Hacia un mundo… ¿feliz? IV

En la película de David Fincher El club de la pelea, de 1999, el personaje interpretado por Brad Pitt dice:

El club de la pelea
“Veo mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas, o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados”.

Cuando hablamos de felicidad es necesario pues explorar el origen de las condiciones que nos hacen sentirnos cabreados o desdichados, para decirlo en términos más cercanos a los nuestros.

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Hacia un mundo… ¿feliz? III

Un mundo Feliz00Uno de los mayores riesgos a los que se enfrenta el hombre a nivel individual al relegar su pasado al olvido, así como al mantenerse ajeno de los saberes acumulados de quienes nos han precedido, es el de convertirse en un ser manipulable, falto de una opinión cien por ciento propia, dócil; a nivel grupal pudiéramos hablar del sometimiento social y, quizá más específicamente, del sometimiento de clases; en tanto que a nivel intelectual nos enfrentaríamos primero a un decrecimiento de ese saber continuado hasta contemplar su lamentable extinción, como en el Mundo Feliz de Huxley.

Vasta con observar la evolución cultural que supuso el redescubrimiento de los clásicos griegos en la Europa Occidental de los siglos XV y XVI para comprender la importancia del estudio y el desarrollo de ese saber acumulado. Ese movimiento cultural denominado Renacimiento catapultó tanto el desarrollo de las artes como el de las ciencias y el pensamiento filosófico de entonces.

Entre las múltiples definiciones que existen sobre la felicidad convendría, como fue el caso de los renacentistas, revisitar a los griegos y explorar la forma en la que el filósofo Aristóteles aborda dicho concepto.

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Hacia un mundo… ¿feliz? II

Soma

¿A notado esa sensación de vacío que se experimenta poco después de adquirir algo deseado durante mucho tiempo? Es curioso como aquel entusiasmo que antecede a la compra, ese anhelo por poseer algo nuevo, por tocarlo, usarlo, verlo, esa felicidad repentina desaparece lentamente de nuestro ser de forma pronta e inexplicable. Y puesto que ésta es efímera, el efecto lógico sin duda es correr de nuevo tras ella, que no se nos escape. Buscamos entonces sus nuevas presentaciones en los aparadores comerciales, en la satisfacción pronta y desproporcionada de las necesidades más básica (como el sexo, la alimentación), en la evasión de la realidad por medio de la alteración de los sentidos… Pronto la felicidad se convierte en frustración, en algo que parece no existir.

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Hacia un mundo… ¿feliz? I

George Bernard Shaw
George Bernard Shaw

Cuentan que cuando a George Bernard Show le acusaban de haber sido mantenido por su familia, específicamente por su madre, lejos de abochornase éste respondía orgulloso: [Aquello] me aportó dignidad, me liberó de la esclavitud, pero sobre todo me liberó de convertir mi mente en la mente de un esclavo con la mano extendida.

En una sociedad de consumo, como en la que vivos, en donde las modas, la popularidad, la normalidad y la belleza, son dictadas por los grandes capitales hemos ido cediéndoles también, poco a poco y sin darnos mucha cuenta, la libertad de redefinir el concepto de felicidad.

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