Entre lineas

Hay autores cuyas vidas son fáciles de leer a quienes son avezados en habilidades detectivescas y psicológicas, puesto que, partiendo del hecho de que la utilización de las imágenes, así como demás recursos literarios, son una representación metafórica de la interpretación personal que cada uno hace (o hizo, según sea el caso) del mundo exterior, todos cuantos nos dedicamos a escribir nos convertimos en libros abiertos.

Siguiendo éstas pistas, interpretándolas, es que los expertos pueden perfilar personalidades, intuir ideologías, percibir estados de ánimo o alteraciones de la conciencia e incluso esclarecer, cuando existen dudas acerca del origen, autorías o sembrar razonables dudas.

Siete sabiosEs a partir de tal análisis que muchos pueden casi asegurar que: tanto la Iliada como la Odisea no pudieron haber sido escritas por el mismo Homero; que en los últimos textos de Aristóteles se perciben notables diferencias con las ideas de los primeros, lo cual orilla a pensar que tampoco se trata del mismo personaje; que el Juan del evangelio bíblico es uno distinto al del Apocalipsis; que en la obra de William Shakespeare hay ciertas claves que recuerdan notablemente al estilo de su contemporáneo el poeta y dramaturgo Christopher Marlowe así como a otros personajes de la época, lo cual a puesto a debate para algunos la existencia misma del Bardo; en tanto que en las populares novelas de otro ingles, Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo hay quienes han visto el rastro de cierta experimentación con substancias alucinógenas al momento de escribirlas.

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Viajando entre lineas

Moonrise Kindom

Hay frases que a fuerza de ser dichas una y otra vez pierden efectividad, frases cuya contundencia original queda sepultada bajo miles de repeticiones, frases que al menos en el sentido literario están prácticamente vedadas pues dejan de ser elocuentes tras convertirse en el lugar común favorito de la mayoría con lo cual su uso sólo es permitido cuando el escritor hace gala de una narrativa genial ante la absoluta necesidad de la misma. Porque hay frases que son insustituibles cuando se trata de expresar determinadas ideas, como aquella que expresa que no es el lector quien elige al libro, sino el libro quien elige al lector.

Recuerdo los primeros e infructuosos intentos de nuestro sistema educativo por lograr que mi generación se sintiera atraída por la lectura durante mis años de educación primaria. Decenas de libros transitaron por mis manos infantiles, títulos y títulos de grandes obras adaptadas a los gustos de un niño: Las mil y una noches exentas de sangre, en presentaciones individuales y sin siquiera una mención de Scheherezada; los cuentos clásicos de Charles Perrault y los hermanos Grimm desprovistos de mutilaciones; Moby Dick reducida a 20 paginas… En fin, delgados libros de hermoso diseño, pocas y grandes letras, muchos y atractivos dibujos, en cuyos diseños no dudo que haya existido buena voluntad, pero como dicen de buenas intensiones está tapizado el camino al infierno. A aquellas historias les faltaba el alma, el espíritu que sus creadores querían plasmar con cada palabra y simbolismo empleado.

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