Hacia un mundo… ¿feliz? I

George Bernard Shaw
George Bernard Shaw

Cuentan que cuando a George Bernard Show le acusaban de haber sido mantenido por su familia, específicamente por su madre, lejos de abochornase éste respondía orgulloso: [Aquello] me aportó dignidad, me liberó de la esclavitud, pero sobre todo me liberó de convertir mi mente en la mente de un esclavo con la mano extendida.

En una sociedad de consumo, como en la que vivos, en donde las modas, la popularidad, la normalidad y la belleza, son dictadas por los grandes capitales hemos ido cediéndoles también, poco a poco y sin darnos mucha cuenta, la libertad de redefinir el concepto de felicidad.

El diccionario de la real academia española define como felicidad al estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien; ahora, centrémonos en la palabra posesión y preguntémonos si en un sistema económico como éste, en el que las modas son tan pasajeras y en donde los medios, y cada vez más frecuentemente también la exigencia social, nos orillan a cambiar nuestros celulares, automóviles, plasmas, vestimenta, etc… cada fin de temporada, sino es que cada fin de mes: ¿podemos realmente llegar a poseer algo?

Aristóteles
Aristóteles

Conceptos como el aristotélico zoon politikon (animal social o político), los ciudadanos, individuos y los hombres libres parecen haber quedado muy atrás en la historia para ser sustituidos por una nueva raza, más genérica y despersonalizada, denominada fuerza de trabajo, consumidor potencial o simple y llanamente recursos humanos.

El capital y el consumismo han ocupado lentamente el lugar de los antiguos dioses; los nuevos domingos o días de culto son hoy las quincenas; los modernos sitios de peregrinación son los centros comerciales y el popular dicho aquel de que el tiempo es oro ha sido adoptado como el mandamiento más importante de nuestros tiempos.

No resulta extraño entonces que envueltos en este moderno entorno de normalidad sedamos el lugar de nuestros proyectos personales, con la férrea convicción de que hay un tiempo para todo, en aras de otro determinado por el deber supremo de ser productivos, proactivos como dicen hoy los nuevos gerifaltes. Y así, a pesar de los pesares, producimos y consumimos hasta la saciedad con la ciega convicción de que tras esas puertas nos aguarda la felicidad plena, sin escuchar a los que se lamentan por no haber podido desarrollar sus potencialidades natas. Pero cabe preguntar al punto ¿es usted feliz?

Via: quotespictures.net
Via: quotespictures.net
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