Parecidos inquietantes

A tale of two cities

Vivimos en una época contradictoria. Época que se centra en la satisfacción plena de la más intrascendente frivolidad enarbolando la bandera del hedonismo y lo desechable como panacea de la felicidad.

Época que enaltece al individuo y que irónicamente le ofrece el más mínimo espacio para su realización plena, para su autoconocimiento, para su desarrollo.

Época de luminoso progreso científico y tecnológico. Época de las facilidades y de la accesibilidad. Jamás ha sido tan sencillo conocer lo que pasa en otras partes del mundo; leer a los clásicos, viajar, escuchar y ver obras maestras de la música, el cine, el teatro, la pintura y la escultura; cultivar el cuerpo y el alma. E irónicamente lo que resulta más difícil para el individuo en primer término es acceder al tiempo necesario para disfrutar de todo esos beneficios; en segundo disponer de los recursos suficientes para acceder a ellos; en tercero contar con las ganas y el ánimo para realizar cualquiera de esas actividades en los momentos dedicados al descanso, pues con tantos devenires y contratiempos de la vida diaria no pasan de ser ocupaciones propias de la jubilación, un privilegio reservado a las clases altas o el entretenimiento preferido de los vagos.

Charles Dickens
Charles Dickens

Jornadas laborales extenuantes con un día rotativo de descanso ponen de relieve lo apreciado que es el trabajo a per se en estos días; salarios mínimos con los cuales apenas si se sobrevive a una semana nos orillan a cuestionarnos: ¿quién necesita un gran salario, si con lo difícil que es conseguir un empleo hay que sentirse bendecidos con tener algo que llevarse a la boca? y ¿para qué viajar, leer o escuchar buena música si podemos conocer lugares distintos y consumir la misma historia, repetida hasta el cansancio, en primorosos plasmas sacados a plazos chiquititos, pero tan chiquitos que al momento de terminar de pagarlos seguramente habrá una tecnología nueva que ya los habrá superado? Y ni hablar del peligro que para la clase trabajadora significa: el embarazo, las discapacidades, el acercarse a la peligrosa edad de los cuarenta…

La verdad no sé por qué me sigue sonando tan actual el inicio de aquella “Historia de dos ciudades” escrita por el escritor inglés Charles Dickens, en la cual narra el ambiente previo a La Revolución Francesa, cuando:

It was the best of times...“Era el mejor de el mejor de los tiempos, y el peor de los tiempos; era la etapa de la sabiduría y del aturdimiento, de la fe; era la época de la incredulidad, era el periodo de la Luz y las Tinieblas, la primavera de la vida y el invierno de la desesperación. Teníamos todas las perspectivas y ninguna, caminábamos derecho al cielo y al abismo; en una palabra era tan parecido aquel tiempo al actual, que algunas autoridades más ruidosas insistían en que sólo se usara con ellas, para bien o para mal, el grado superlativo de la comparación”.

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